
Cuando el Sol cruza el cielo en el punto más alto del Ecuador, en la fiesta del Inti Raymi y de San Juan, danzantes de las 4 direcciones celebramos a la Madre Tierra y al Gran Misterio, el regalo de la vida.
Nuevamente renovamos el cariño en la tierra de Urcupacha encontrándonos los amigos, las alianzas y la familia del Fuego Sagrado de Itzachilatlán. Muy conmovedor el compartir de tantas naciones del mundo, unidas en una sola gran nación y sentir despierta nuestra cordillera andina, con el amor que todos sentimos por la vida a través del poder de nuestras tradiciones.
Si bien puede existir un gran sentido para danzar, al menos para mí cada vez que entro en el círculo de la danza, siento confluir las distintas tribus del mundo, reuniéndose en el mismo latido del tambor. Una necesidad poder hacerlo en tiempos donde parece que tantas diferencias nos separan, para visionar juntos mejores destinos y coordinarnos en valores que surgen, para apreciar, respetar y estar en la atención del cuidado de nuestro patrimonio de vida, como individuos y comunidad humana.
De esta forma siento que nuestra comunidad, crece y se fortalece alrededor del árbol sagrado, que nos hace ver como una sola gran tribu en la Tierra procurando la paz, y la cual se bendice también con la llegada de esta maravillosa estrella que ilumina la noche, conectándonos con todo el misterio del universo, mostrándole a un pueblo cómo caminar en belleza y en libertad.
Una vez más agradecer la continuidad del trabajo de la familia del Ecuador y hacia todos los que toman una responsabilidad, haciendo posible estos necesarios encuentros; sobre todo la valentía de Aurelio Díaz Tekpankalli en abrirla para todos nosotros, los hombres y mujeres que vienen de los 4 rincones de nuestra Madre Tierra a encontrarnos con la sagrada fuente.

Claudio Berho – Yololo Tekutli










