Si existe una crisis, la más clara al menos para mí, es la desconexión que vivimos con la Naturaleza, con la carencia de una Madre Tierra.
No hay que explicar tanto… ya mucho sabemos de ello y harto material existe para fundamentarlo, desde el devastamiento de nuestros recursos con el consecuente calentamiento global, hasta esa extraña pasión que tenemos los seres humanos de propender a la guerra. Pareciera que no sabemos vivir en paz ni en una buena relación.
Valores que continuamente se trasgreden al no encontrar puntos en común, boicoteándonos desde una ceguera que ni siquiera sabemos que tenemos; extraña emoción común que parece operar desde nuestros mecanismos de control y sobrevivencia, desde el miedo a perder algo.
Y ¿para qué nos toca vivir todo esto?, sino para hacer un recorrido y darnos cuenta que estamos relacionados, que compartimos una vida, que hay que abrir los ojos y el corazón, para descubrir círculos que señalan que todo lo que hacemos regresa a nosotros y aprender a llevarnos bien.
Desde la llegada a este mundo que nos sometemos a un andar de golpes y presiones que se vuelven parte de nuestra vida, quizás los mismos que necesita la roca para transformarse en cristal, los que nos vuelven conscientes de nosotros mismos, de nuestras relaciones y del sentido de todo, invitándonos a descubrir algo más.
Veo aquí la presencia de una fuerza creadora que nos impulsa, la misma que mueve a la naturaleza en la creación de sí misma, actuando desde un propósito intrínseco de continuidad y expansión, con la diferencia que a nosotros los seres humanos, se nos otorga el poder de usar nuestra voluntad para timonear sobre la vida operando desde el discernimiento.
Sin mucha consciencia estamos a la deriva, viajando junto a la historia de nuestros padres, sociedad y cultura, muchas veces viviendo una vida no como la quisiéramos. Creo que de tanto andar es que en algún momento nos hacemos la pregunta: ¿Cuál es el sentido de todo esto? y nos transformamos en buscadores del Misterio; siguiendo un latido o una intuición es que comenzamos a vivir al acecho de esas experiencias que llenan nuestras almas, regalándonos la paz que invita a permanecer en ese estado simple y profundo de conexión con la vida.

Es así entre tantas maneras, que llego a un fuego encendido desde la sabiduría de mis abuelos de tradición. Prendiendo un tabaco el espíritu se hace presente, mostrando el poder del verbo el camino creador de la palabra con intención, dejándonos ver con los ojos de los que vuelan alto o de los que miran los detalles el territorio de la vida, las posibilidades de ir construyendo junto a mis relaciones una mejor historia y mundo.
Mirando la corriente y la deriva aparece la oportunidad de hacernos conscientes y cargo del tremendo regalo que tenemos a través de nuestros propósitos para crear lo que queremos, en acuerdos que además de marcar una diferencia, nos alinean e impulsan en el sentido de lo que anhelamos y qué maravilla que en ese sentido esté presente la vida misma en un flujo de perpetuidad y destino común de relaciones.
Toda esta reflexión ha ido decantando desde el 2008 cuando un grupo de amigos y hermanos caminantes decidimos encontrarnos durante todo el año, lanzando una flecha de la cual quisimos hacernos cargo: reunirnos en cada estación para mirar cómo es esto de intencionar lo que queremos, declarándolo en vigilias sagradas desde el acuerdo de caminar nuestros propósitos de vida en relación con las 4 estaciones.
Comenzamos en Otoño declarando nuestros propósitos para el año y vimos desde la poesía, como el dorado de la tierra los recogía, para honrarlos con la sabiduría de su sus hojas doradas. Continuamos en el Invierno pidiendo por la bendición del agua para que regara nuestra siembra y con ello recibimos la invitación a reflexionar sobre lo que estaba incubándose en la semilla de propósito; luego en Primavera agradeciendo el florecimiento de todas las posibilidades surgidas en este árbol de la vida que crecía, vimos como la Madre Tierra nos devolvía con colores y perfumes esta fuerza emprendedora; y en Verano celebramos los frutos de todo un ciclo y como la siembra se transformaba en una bella cosecha. Fue el tiempo en que el taita Tekpankalli nos visitó para dirigir el encuentro, luego de 10 años de haber puesto un primer rezo en las tierras del Sur.
Definitivamente con todo esto vivimos el apoyo que nos da nuestra Madre Tierra a todos nuestros sueños… todo el tiempo… y fuimos juntos.
Dentro de este recorrido de 365 días, además de los logros y frutos, fue reconocer la importancia de una comunidad o compañía para acompañar el proceso, con las cuales aprendimos a sostener los propósitos a través de conversaciones de poder.
Un compromiso de mirar esto con otros, te vuelve un cómplice para profundizar lo que estás sosteniendo haciéndote trabajar sobre nuestras personas, generando lazos preciosos que nos van constituyendo como una comunidad dentro de esta gran tribu humana.
Hoy día veo varios logros: Una tierra de espíritu para nuestra descendencia, el reconocimiento de nuestro oficio como tradición de parte de un gobierno y por sobre todo una hermandad consciente de su patrimonio y sabiduría.
Entonces, atrevámonos a soñar un destino comprometiéndonos con un sentido para nuestra vida, que ojala pueda ocurrir en beneficio de un mejor hoy y mañana para todos nosotros.
Gracias por el compartir de los amigos











Que bueno caminar así Claudio, ...
Que bueno caminar así Claudio, yo también este año he caminado con las cuatro estaciones y es muy bueno hacerlo todos los años porque caminando con estos propósitos, todos los años venideros son nuevos años para la vida. Cuando comienza el Inverno lo vives con todas sus bendiciones de frío y agua, porque sabes que vendrá la Primavera donde florece todo lo que tu quieres, para que venga el calor del sol y te abrace en Verano, disfrutando todo su calor para luego despedirlo en Otoño y entrar al Invierno nuevamente, porque sabes que vendrá una nueva Primavera. Caminando de esta manera siempre tienes un año nuevo y no estás en la dinámica de que los años se van de tu vida. Si no que ahora los años vienen a tu vida y que bendición más grande es verlo de esta manera, por lo menos a mí me está haciendo mucho sentido vivirlo de esta forma.
El otro día en una conversación te escuché decir que hay ciertos momentos de tu vida en que uno se tira al abismo, y creo que es el momento de mi vida en que tengo esa sensación, me estoy tirando al abismo y creo que es el momento de hacerlo, para romper con la historia o cuento de una vida que me ha estructurado, quiero volver al origen de la vida, para que desde de ahí timonearla de mejor manera.
Un abrazo