
Si bien no podemos dejar de tener algún sentimiento con lo del terremoto y por sobre todo con el sufrimiento de mucha gente, no podemos también dejar de mirar lo que vibra en muchos de nosotros: sentir profundo un llamado que nos hace nuestra Madre Tierra a vivir estos tiempos con más sabiduría y conexión.
“Somos nada”, gritaba una persona una vez que el movimiento se detuvo, y sí… la vida es frágil y a la vez poderosa. Nuestro orgullo y vanidad nos hace pensar que tenemos el control de todas las cosas… y así hemos ido levantando ciudades, inventándonos una vida que reconocemos se ha alejado de vivir en relación con la Naturaleza, la cual nos ha demostrado una vez más… que la vida tal como la conocemos puede terminar en cualquier minuto.
Seguir viviendo y observar lo que cae me hace pensar que son las rigideces las que se están transformando, con la oportunidad de trabajar por una mayor flexibilidad de nuestras estructuras, que incluso cambie nuestra forma de concebir la muerte.
Los tibetanos dicen que al morir todo se amplifica en 7. Si te vas con miedo, el mismo terror aparecerá ante tus ojos aumentado y si aprendes del movimiento, recibiremos el regalo de escoger dónde ir.
La Tierra se mueve como nunca antes hemos visto y junto a su movimiento mi propio ser busca seguir el ritmo. Ya sea que nos aferremos a nuestros dioses o que dancemos en el fluir, estoy seguro que no hay lugar donde ir más que al centro de uno mismo.
Si bien es legítimo que cada uno se lo viva como quiera, en lo profundo algunos sentimos un llamado a estar en paz y en calma a pesar de la tempestad; sabiendo que hay mayores posibilidades para quien ha sabido construir ese punto de equilibrio desde el cual se danza en una relación con el Misterio.











A todos
Mi querida Familia, sólo expresarles mi profundo Respeto y gran Amor por todos ustedes.
Abrazos